domingo



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viernes

naufragio


Una nave que se hunde; punto final.
Cuando el mar se vuelve madre
Y nada en algún líquido amniótico.
El naufragio de las ciencias exactas
En la ruina del imperio
En el cuesco de la madera
En la balsa de los que quedaron
Comiéndose entre sí
Con la radio prendida en alguna
Estación vacía
En la cual de repente
Una voz cualquiera
Habla del capítulo del la
Teleserie de ayer.

miércoles

el mar como
el último asesino
una densidad lograda
con tres mil capas de pintura
una sobre la otra
como los pasos arrastrados
por una calle transitada

el abrazo
roto el momento de
su concepción
viciado como el aire
que se encierra
como una mentira
repetida hasta el cansancio

la madrugada
como el peso sobre
las ciudades nuevas
y como el sabor
que queda después
de sentir algún tipo
de náusea

de apagar los incendios
no queda mucho
porque ya no existe el encuentro casual
el toparse por ahí y seguir de largo
correr en el sentido contrario
al darse cuenta de la altura

y de su boca salen
sentencias aleatorias
que callan luego y se disuelven
cuando las palabras
no son las mismas para nadie
cuando el mundo
funciona sin palabras y
callarse es lo más cuerdo

y si le dice todo
después el agua se queda quieta
la tarde se vuelve larga
las nubes no se mueven
el letargo se vuelve vicio

mejor suspender todo del techo
que cuelguen las vértebras
que suenen los nudillos
mientras las espaldas se rozan
volver a un útero tibio
donde nada se escucha


Del ritual
queda menos que todo
y ahí se esconden las punzadas
decapitadas por sus mejores amigos.

jueves

sabes que la condena de muerte
ostenta un nombre escrito en cursiva
con sus ojos alienados con la luna
mientras yo
la condenada
no es tanto
no es lo suficiente
y si lo es
baja la voz
esconde las palabras
es escondida por las palabras

la luna sigue su recorrido
se encuentran bajo la textura de la pantalla
y es hora de la última cena

lunes


un poco menos que / callada nace un brillo
que me inventaste para no escuchar

siempre en comparación a / ese momento en que ninguno tenía voz
y el calor de las carnes apremiaba
angustiaba / lento

siempre menor / dulce
con la vulva hinchada esperando la llegada
el timbre / el silencio que venía después de aquello

tu ombligo siempre escondido
mi cama siempre gélida
mi negación alimentando tu estómago

el trono cubierto de pieles
el cuello cubierto de joyas
el ojo abierto al brillo

la palabra seducida por otra
tu palabra regalada a otra palabra
que no se parecía en nada a mi silencio

y ahí se ata el nudo sobre mi cuello
las rodillas en el suelo
la boca esperando a que quieras acabar ahí dentro

siempre un poco menos que / el reflejo de otra ventana
que las palabras reflejadas en otras palabras

Vanitas

me gusta el silencio porque
puedo escuchar los pasos de los vecinos
cuando hablan de hacer la once
cuando pelean y lloran
cuando tiran la cadena del baño
como si existiese un tiempo otro
un tiempo en que Savonarola
todavía quema espejos
y violines

escucho el sonido de las llaves
abriendo los pestillos
el hombre desvistiendo a su señora
un gato desconocido que llora
y en alguna parte
Savoranola condena la
sodomía
y grita el fin del mundo

miércoles

geometría aplicada

"incluso a los artistas más avanzados de su tiempo
[...] Uccello les parecía un fanático o un maníaco"
G. C. Argan



encontró el espacio matemático
y ya no eran necesarias las cosas ni las luces
se encerró como un niño
con juguete nuevo
sin comer
sin hablar de nada más
que del entusiasmo

pidió que apagaran las lámparas
y el mundo fue nada más
ni nada menos
que el espacio
vacío e ingenuo
nocturno y sonámbulo
en el que las medidas
encajaban

la matemática lo encerró
sin comer
sin hablar de nada más
esperando conocer el punto
de fuga
instalado en el centro
de la pared

y el mundo que no era
ni nada más
ni nada menos
que la suma de las líneas
se disolvió
y nadie
le dijo nada

domingo

no alimente a las palomas

lo único visible desde el ventanal
del hospital
era el mar
como si la muerte
estuviese celebrando su día libre

desde otra ventana
empotrada en la pared como una herida
se veía a una enfermera
con delantal y todo
cortándole las hojas a una docena de flores
blancas y amarillas
para luego entregárselas
a un paciente siquiátrico

mientras tanto
del otro lado de los vidrios
el músculo se prepara
lentamente
a caer

miércoles

Drenaste el veneno de mis pechos
como un niño

y si viene la muerte
le diré que ya no soy su hija


lunes

estructura hueso-carne
se cae
como si hubiese una cámara que lo grabase
y alguien fuese a aplaudir después
o alguna risa fuese a salir de las paredes

pero la risa se suspende
las lineas paralelas no se tocan
y desaparece la vista con su geometría

el mundo quiere ser plano
y atravesar el cuerpo como arma

incluso la voz del rezo se extingue
y no hay bosque que la contenga

estructura que palpita
de aquí al cielo cede y se disuelve
como el colorante en el agua

no hay personaje que lo sostenga
porque la grabación de la risa se suspende
porque la cámara no llega a tiempo
y el cuero cede
de nuevo

jueves

Euclides decía que dos rectas paralelas
se encuentran en el infinito.
Aquello es, probablemente,
lo más triste que he escuchado
esta tarde.